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Ejercicio físico en la infancia
El ejercicio físico debe ser parte integrante fundamental en las actividades escolares.
Para el niño significa distracción, alivio de tensiones nerviosas, ayuda a corregir ciertas deficiencias físicas. Es una protección frente a determinadas
enfermedades.
El deporte, ya desde la niñez, es una de las mejores formas de disminuir la posibilidad de factores de riesgo para enfermedades cardiacas, respiratorias,
musculares en la edad adulta.
Al margen de esto, el ejercicio físico despierta en el niño un sentido social, le enseña las reglas de la conducta en sus relaciones con los demás.
El niño no puede ser tratado como un adulto pequeño, debe ser considerado según sus especiales características fisiológicas y psicológicas. Por ello la educación
física ha de favorecer el desarrollo armonioso, corporal y mental del niño mediante una adaptación del esfuerzo a las distintas fases del crecimiento.
En la niñez el cuerpo se encuentra en una etapa de importante crecimiento. Por ejemplo, el ritmo cardiaco y el respiratorio pueden encontrarse rápidos, la presión
arterial es bastante baja, los distintos grupos musculares no están aun consolidados y los huesos se encuentran todavía en formación. En estas circunstancia los esfuerzos físicos intensos y las tensiones psicológicas pueden ser perjudiciales.
Es por esto que la educación física debe ser controlada.
Debe indudablemente existir un ordenamiento según la edad, el esfuerzo físico y en particular el tipo de deporte.
Entre los 6 y los 11 años es aconsejable limitar la educación física a la gimnasia y ciertos juegos sencillos.
Entre los 11 y los 15 podrían iniciarse ejercicios pre-atléticos mediante una cuidadosa graduación.
Ya entre los 16 y los 18 llega el momento en que puede iniciarse la participación en competencias deportivas, teniendo siempre en cuenta el grado de preparación
física.
Existen, lamentablemente, muchos sistemas escolares en los que la educación física ocupa un lugar secundario, e incluso la participación del alumno es muy pobre.
Es aconsejable dar a la educación física escolar mucha importancia y escoger con precisión los deportes que mejor pueden responder a las necesidades físicas y
mentales de los escolares.
El médico debe cuidar que esta educación corresponda en cada caso, al estado físico y mental del alumno; observar los casos de incapacidad y los síntomas de
tensión o esfuerzo excesivo. También debe decidir, desde el punto de vista de la salud de la población escolar, la forma y el alcance que convenga dar a los entrenamientos.
Realmente sería de buena práctica, que cada niño tuviera una ficha médica que lo acompañara durante todo el período escolar. Donde se vea reflejada la evolución del sistema circulatorio,
respiratorio y neuromuscular, en los distintos períodos frente a esfuerzos graduados.
Todos los niños deberían participar en las actividades.
¡La educación física no es sólo una asignatura escolar más!
Los buenos principios dietéticos y de higiene personal son más fáciles de inculcar en los jóvenes que se interesen por el
atletismo. Incluso renunciar al tabaco y el alcohol para mejorar la condición física.
El modo de compensar las desventajas de la vida sedentaria y de favorecer la buena salud y la disminución de los factores de riesgo de múltiples enfermedades de
la edad adulta, debe aprenderse desde los primeros años de vida.
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