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Glóbulos Blancos
A diferencia de los glóbulos rojos, los blancos o leucocitos son apenas entre 5000 a 10.000 por mm3 de sangre. Se habla de leucopenia cuando el valor es menor a 5.000, y de leucocitosis cuando superan los 10.000.
Puede considerarse como 7000 por mm3 la cifra media en ayunas y en condiciones basales de reposo físico y mental.
La formación y destrucción de los glóbulos blancos es continua, y su concentración en la
sangre depende del equilibrio de estas dos situaciones.
La cantidad de los mismos también se modifica desde los vasos sanguíneos de gran tamaño hacia los capilares. Cuando la circulación de la sangre es lenta, los leucocitos aumentan en los
capilares y se alinean pegados a las paredes de estos vasos, listos para cumplir
sus funciones.
Existen distintas clases de leucocitos: neutrófilos, linfocitos, eosinófilos, basófilos y monocitos. Cada uno de estos subgrupos está especializado para actuar en diferentes situaciones. Por ejemplo en infecciones por bacterias
actúan preferentemente los neutrófilos; en las infecciones por virus, los linfocitos; en las parasitarias o alérgicas, los eosinófilos; en situaciones como el cáncer, los linfocitos y monocitos preferentemente; y de esta manera podríamos seguir
enumerando distintos estados patológicos y siempre existe un subgrupo de estos glóbulos que responden en ayuda de nuestro organismo.
El recién nacido suele tener cifras altas de glóbulos blancos, hasta 20.000 o más, como sistema protector; que luego bajan. Durante la infancia donde existen múltiples infecciones virales, son los linfocitos los que se
encuentran aumentados y posteriormente descienden hasta alcanzar las cifras del adulto en la pubertad.
La vida útil de los glóbulos blancos es de 7 a 10 horas, bastante diferente a la de los
rojos que es de 120 días. Es decir que los leucocitos se renuevan tres veces en el día.
Igual que el resto de las células de la sangre, su producción se realiza en la médula ósea.
Este grupo de células sanguíneas, tienen movilidad propia. Llegan al sector de la infección, por la circulación sanguínea; y luego allí por movimientos propios pasan a los tejidos para ponerse en contacto con los gérmenes. De
ésta manera, se produce la fagocitosis: "se comen" las bacterias, los virus y los compuestos extraños. De hecho estos son englobados por los glóbulos blancos y luego digeridos por una sustancia especializada que poseen estos glóbulos.
Éste es solo uno de los sistemas de defensa que posee nuestro organismo frente a distintas enfermedades.
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