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Hemorragias
Se entiende por hemorragia la salida de sangre de los vasos sanguíneos (arterias, venas o
capilares). Debemos distinguir las pérdidas rápidas de las lentas y espaciadas, dado que estas últimas se
toleran mejor.
Si ocurren hemorragias repetidas, cada una poco abundante, su puede llegar a perder una cantidad de sangre muy importante en meses o años, pues la misma se
regenera en los intervalos donde no existe pérdida.
Esto indica que perdemos mucha cantidad de sangre a lo largo de mucho tiempo y el organismo lo tolera bastante bien. Distinto es lo que ocurre cuando sucede una
pérdida importante en poco tiempo, que no da posibilidad de regeneración, ésta puede comprometer la vida del paciente, si no se detiene.
Los síntomas que presenta el paciente, aparecen progresivamente al aumentar la cantidad de sangre que se pierde. En una primera etapa solo existe una ligera
aceleración del pulso, acompañada o no, de disminución de la presión arterial. En un segundo estadio el paciente presenta algunos síntomas estando
recostado y se desvanece al ponerse de pié. Ya en un tercer estadio el paciente presenta síntomas importantes a pesar de estar acostado.
Porqué se hace esta aclaración, sí el paciente está de pié o acostado, es porque cuando el enfermo presenta una hemorragia, ésta se tolera mucho mejor estando recostado puesto que más fácilmente llega la sangre al
corazón y al cerebro en esta posición.
Todos hemos visto alguna vez una persona que sufre una
lipotimia porque le ha bajado la presión, y casi
automáticamente lo recostamos y le levantamos las piernas; ésto es justamente para que llegue mejor la sangre al corazón y al sistema nervioso. La palidez acentuada en la cara y en la boca, las
manos frías y sudorosas, la sudoración generalizada, las náuseas, el desvanecimiento, vómitos, calambres, y a veces convulsiones; pueden ser síntomas de un cuadro hemorrágico. Además el paciente siente frío en sus extremidades, malestar general,
debilidad y mareos.
Cuando la hemorragia es muy grande el
pulso es muy débil y casi no se siente, las respiraciones son más frecuentes y profundas con sensación de falta de aire, la visión se puede poner borrosa. En casos
graves se pueden presentar inconsciencia, coma y muerte, debidos a una hemorragia masiva.
La hemorragia ocasiona déficit de la cantidad de sangre circulante, lo que a su vez determina menor llegada de oxígeno a los distintos tejidos del organismo. Los
primeros en sufrir son el cerebro y el corazón. Por supuesto si se prolonga también daña el hígado, los riñones y el resto de los órganos.
Durante un cuadro hemorrágico es característico la disminución de la presión arterial, justamente por la falta de sangre, la
presión baja y el déficit en la llegada de oxígeno a los tejidos, provocan el rápido aumento de la
frecuencia cardíaca para tratar de suplir las exigencias.
Las hemorragias pueden ocurrir hacia el exterior, y también pueden suceder dentro del organismo. Estas últimas son más difíciles de detectar ya que no se
muestran a simple vista, y debe hacerse un exhaustivo control cuando se sospeche este tipo de
situación.
Muchas veces la solución es simple cuando se corrige la lesión o herida del vaso sangrante. Otras veces se requiere transfundir sangre. Es bueno conocer que la
restitución rápida de la sangre produce mejorías notables, aunque los síntomas hayan sido severos.
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