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El Hígado
Es uno de los órganos más grandes de nuestro cuerpo. Se encuentra
situado en la región superior derecha del abdomen, debajo del
diafragma y las costillas, y se extiende hacia el lado izquierdo
cubriendo la parte superior del
estómago.
En el adulto pesa aproximadamente 1,5 Kg.
Se encuentra cubierto por una cápsula fibrosa protectora.
La
vesícula
biliar se encuentra ubicada debajo del sector
derecho del hígado.
Después de comer, todos los productos digeridos, son absorbidos por
el intestino y de allí una gran vena hepática (porta) los
transporta hacia el hígado.
A través del hígado pasa cada minuto más de un litro de sangre
proveniente de la vena porta, y también de la arteria que le
lleva oxígeno al hígado (arteria hepática). En el hígado se
realizan múltiples procesos metabólicos vitales para nuestro
organismo. Finalmente la sangre es conducida por venas hepáticas
superiores hacia el
corazón.
Las células hepáticas metabolizan los alimentos ya digeridos.
¿Qué quiere decir esto?
Que transforman y modifican esos alimentos. Almacenan lo necesario y
convierten el resto en substancias requeridas por el cuerpo.
Así por ejemplo, el azúcar es transformado en glucógeno y almacenado
en el hígado hasta que el organismo necesite azúcar, en cuyo
caso se degradará el glucógeno. Ahora también ese azúcar que
llega al hígado puede transformarse en otra substancia si
nuestro organismo lo requiere.
Nuestro hígado también almacena algunas vitaminas hasta el momento
de utilizarlas, estas reservas pueden servir para muchos meses.
También se almacena hierro, y otros minerales; y se producen
proteínas y algunas grasas.
Además, el hígado actúa como órgano excretor, descomponiendo
substancias tóxicas que han ingresado al cuerpo. Estas
substancias se liberan junto con la bilis hacia el intestino
para ser luego eliminada por el aparato digestivo.
Todos estos procesos metabólicos producen una cantidad considerable
de calor que contribuye a mantener la
temperatura
corporal normal.
Es un órgano complejo, vulnerable por múltiples causas: infección,
intoxicación, exceso de
alcohol,
alteraciones metabólicas, obstrucción y enfermedades
carenciales.
Muchos de estos estados patológicos no producen síntomas hasta
llegar a un período avanzado, ya que el hígado dispone de
grandes reservas.
La infección del hígado puede producir aumento de su tamaño, con
dolor en la zona superior del abdomen. Sin embargo, generalmente
los trastornos hepáticos son indoloros.
El primer síntoma de muchas enfermedades es la coloración
amarillenta de la piel y las mucosas, (ictericia), que aparece
cuando el pigmento biliar (bilirrubina), se acumula en la sangre
debido a la incapacidad del hígado para metabolizarla, o a la
obstrucción de la salida de la bilis hacia el intestino.
Si se obstruye la vena porta puede acumularse líquido dentro de la
cavidad abdominal, produciendo un abdomen globuloso y
distendido. Al mismo tiempo esto genera várices en las venas del
esófago, que si se rompen producen vómitos con sangre y material
de color negro alquitrán.
Una pérdida súbita de sangre, y la incapacidad de degradar ciertas
substancias de la sangre porque el hígado se encuentra enfermo,
pueden conducir a un estado de confusión, estupor,
incoordinación de movimientos, temblor en las manos, trastornos
en el pensamiento. Es decir que existe, en estos casos, una
agresión directa del sistema nervioso porque las substancias no
degradadas en la sangre se vuelven tóxicas.
Estas situaciones pueden llevar al coma o a la muerte del paciente.
Las causas más frecuentes son la hepatitis hiperaguda y la cirrosis
severa.
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