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Infarto Cardíaco
El infarto del músculo cardíaco consiste en la
muerte irreversible de un sector del corazón. Generalmente se
debe a la
obstrucción
de una arteria lo que impide la llegada de
oxígeno.
Inicialmente cuando se obstruye la arteria, se
produce una isquemia, mal funcionamiento por déficit de oxígeno
al no llegarle la cantidad adecuada de sangre.
Si esta isquemia es importante y prolongada se
produce el infarto (necrosis o muerte).
La extensión del infarto depende del grado de
isquemia previo y de la cantidad de músculo cardiaco irrigado
por la arteria obstruida.
Puede afectar todo el espesor de la pared
muscular del ventrículo, o solo un pequeño sector interno del
espesor. Esto puede ser evaluado con un simple
electrocardiograma. Cada caso tiene un distinto pronóstico a
corto plazo.
El paciente con infarto sufre la mayoría de las
veces un dolor torácico intenso que no sede hasta que no se
trata.
Existen algunos casos en los que el infarto se
detecta posteriormente con algún estudio. Aquí el paciente nunca
sintió nada. Esto es, por supuesto la minoría de los casos.
Podemos decir que los
diabéticos
pueden presentar infartos sin dolor.
En la mayoría de los infartos, se presenta un
dolor en el pecho muy intenso, de carácter opresivo, prolongado.
No calma con los cambios de posición. A veces el dolor se puede
irradiar al hombro o brazo izquierdo. Esta acompañado, o no, de:
falta de aire, sudoración, náuseas, debilidad general,
taquicardia,
presión
elevada.
El dolor puede localizarse en el pecho o
a veces en la boca del
estómago.
También puede simular un
dolor
hepático.
Para diagnosticar un evento de este tipo la
medicina se vale fundamentalmente de tres parámetros:
1. El cuadro clínico del paciente (los
síntomas).
2. El electrocardiograma.
3. Datos de laboratorio.
Ya mencionamos los síntomas. Evaluemos más
detenidamente los otros ítems para el diagnóstico.
Un rápido electrocardiograma nos puede indicar
si el infarto se está produciendo en ese momento, o si ya se
produjo. Nos muestra también en que sector del corazón se
instala el problema. También nos dice si es grande, mediano o
pequeño, y si tiene complicaciones agregadas o alteración de la
función cardiaca.
En el análisis de sangre se detectan rápidamente
substancias que indican que el corazón esta muriendo. la muerte
de una porción del
corazón
trae aparejadas consecuencias algunas inmediatas y otras
tardías.
Si el infarto es pequeño, o se encuentra en una
cara del corazón que no es demasiado importante, la evolución
inmediata del paciente es bastante favorable. Por el contrario
si se instala en un sector que cumple una función importante, la
evolución puede ser mala e incluso puede producir el
fallecimiento del paciente.
El tabaquismo, la
diabetes,
el estrés, la
presión alta,
y el
colesterol
elevado, son, entre otros, factores de riesgos de
enfermedad de las arterias que irrigan el corazón.
Sobre estos factores es donde debe recaer
nuestra atención para lograr prevenir estos eventos.
Cuando el paciente evoluciona con suerte después
de sufrir un infarto, hablamos de una suerte pasajera, puesto
que luego pueden sobrevenir los inconvenientes de la
insuficiencia cardíaca o el déficit en el
funcionamiento del corazón - porque existe un sector que no
funciona - que lo acompaña de por vida.
Una suerte que aún podemos cambiar
La muerte de una porción del intestino, o del
pulmón, o del hígado, o de distintos sectores del organismo, no
se pueden equiparar a un sector del corazón.
En este caso es la vida la que corre peligro.
La
enfermedad
cardiovascular es la principal causa de muerte en
el mundo. Ahora que estamos con vida es el momento en que
debemos implementar los mecanismos necesarios para evitar
nuestros futuros problemas cardíacos y modificar esas
estadísticas.
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