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Obesidad
La obesidad se puede definir como el exceso de grasa corporal.
Las enfermedades consecuentes y acompañantes de la obesidad
están en relación directa con la cantidad de tejido adiposo
–grasa- y
además,
con el peso corporal.
Las consecuencias directas del peso corporal son los trastornos
en los huesos y las articulaciones,
que constituyen sólo una pequeña parte de la gran patología que
agrede al obeso.
Existen distintos criterios,
pero en general se concuerda que un exceso superior al 20% del
peso ideal
basta
para calificar a una persona como obesa.
Aunque algunas
enfermedades
hereditarias pueden ocasionar un aumento de peso,
más del 99% de las personas con sobrepeso padecen una obesidad
no debida a ninguna enfermedad.
La acumulación de grasa resulta de la ingesta excesiva de
alimentos y del escaso ejercicio que podría quemar las grasas.
La alimentación de un individuo está regida por:
1) El sistema nervioso que regula el hambre: cuando el organismo
debe comer y cuando debe dejar de comer, de acuerdo con las
necesidades de cada sector de nuestro cuerpo.
2) Los factores externos: el tipo de alimentación de nuestra
familia, el peso de nuestros padres, el ejercicio físico al que
estamos acostumbrados, nuestro ideal del tipo de comidas, etc.
¿Cuáles son las consecuencias de la obesidad?
*enfermedades de las
arterias
coronarias -
infartos.
*hipertensión
arterial.
*diabetes.
*insuficiencia
cardíaca.
*cálculos
en la vesícula.
*enfermedades pulmonares.
*várices.
*hemorroides.
*embolias
pulmonares.
*artrosis.
El objetivo del tratamiento en pacientes obesos es alcanzar un
estado de balance de calorías negativo, lo que puede resultar
extremadamente difícil. El porcentaje de éxito en la obtención
de una disminución inicial de unos 9 Kg con dietas
convencionales oscila entre el 10 y el 30%. El éxito de una
disminución de alrededor de 18 Kg. varía del 3 al 8%.
Entre los paciente obesos que disminuyen de peso inicialmente
son frecuentes "las recaídas".
Las dietas reductoras de peso deben estar diseñadas para
mantener la composición corporal normal y además alcanzar un
peso normal.
Para el tratamiento a largo plazo de la obesidad la
recomendación más práctica consiste en una dieta equilibrada que
cumpla en general con los parámetros de una alimentación normal,
sólo desviándose de ésta en lo que respecta al balance calórico.
En la dieta
equilibrada
este
balance calórico debe ser negativo, es decir que en forma
progresiva y lenta se alcance el peso ideal.
¿Cuál
es
la
alimentación
adecuada?
Es aquélla en la que la cantidad es suficiente para cubrir las
exigencias energéticas del organismo y mantener el equilibrio de
su balance.
Y tiene la
composición completa para ofrecer al cuerpo lo que necesita. Los
componentes que integran la alimentación deben guardar una
armonía, una relación de proporción entre sí, adecuada para cada
persona.
Además de la dieta, el éxito en el tratamiento se conseguirá con
un buen complemento: el ejercicio físico. Este debe iniciarse en
forma gradual, prestando atención a la edad del paciente, sus
posibilidades físicas y su situación cardiovascular. La
actividad física aumenta el consumo calórico.
La dieta equilibrada y el ejercicio controlado son los pilares
en la programación del tratamiento del obeso.
El hecho de alcanzar un peso adecuado a su altura y a su edad
redundará en un bienestar individual, familiar y social,
así como evitará las consecuencias a las que lleva la obesidad.
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