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Ruidos Cardíacos
La actividad mecánica del corazón,
contracción y relajación,
da lugar a la producción de una serie de fenómenos acústicos
cuya interpretación adecuada permite un conocimiento muy exacto
de las condiciones anatómicas y fisiológicas existentes en ese
corazón, tanto en estados normales como patológicos.
Los ruidos cardíacos se deben a las vibraciones que la actividad
del corazón ocasiona en estructuras pertenecientes a él mismo,
o que se encuentran situadas en su inmediata vecindad.
Si bien los ruidos del corazón pueden ser percibidos aplicando
el oído al pecho del paciente, en la actualidad se han ideado
una serie de instrumentos para facilitar la maniobra.
El estetoscopio es un instrumento de uso diario del médico,
especialmente adaptado para facilitar la audición de los ruidos
y los soplos cardíacos.
Sin entrar a detallar las características de un buen
estetoscopio, es bueno conocer que la mayoría se encuentran en
condiciones de filtrar las altas o bajas frecuencias, según sea
necesario de acuerdo con lo que el médico este investigando en
su paciente.
Recordemos que el corazón se encuentra situado en el centro de
la cavidad torácica, entre los dos pulmones. Presenta
aproximadamente la forma de un cono,
la punta dirigida abajo y a la izquierda y la base arriba a la
derecha. En éste sector de la pared torácica es donde, colocando
el estetoscopio, escuchamos con mayor fidelidad las vibraciones
que genera la actividad del músculo cardíaco.
En una persona sana se ausculta la existencia de dos ruidos en
cada ciclo cardíaco completo. Ellos son: el primer ruido, de
menor intensidad y tonalidad más grave que se hace más evidente
en la punta del corazón y el segundo ruido, breve, chasqueante y
de tonalidad más aguda, que se percibe mejor en la base
cardíaca.
Ambos se encuentran separados por un espacio llamado pequeño
silencio, de corta duración y que ocupa la contracción del
corazón. Entre el segundo ruido y el primer ruido del ciclo
siguiente existe un silencio mayor, o gran silencio que
corresponde a la relajación cardíaca.
El primer ruido se debe al cierre de las válvulas que separan
las aurículas de los ventrículos (mitral
y
tricúspide)
y marca el inicio de la contracción, la que se sucede durante el
pequeño silencio. El segundo ruido se debe al cierre de las
válvulas pulmonar y aórtica, luego de la expulsión sanguínea por
dichas arterias y de finalizado el inicio de la relajación del
músculo cardíaco, el resto de la relajación se hace en
el
otro silencio.
Podemos entender entonces que escuchando
estos ruidos y estos silencios, nos damos una idea de cómo se
están comportando las válvulas del corazón, y si el flujo de la
sangre sigue por los caminos adecuados o no.
Además permite interpretar si la actividad mecánica del corazón
se realiza normalmente, o presenta, alguna evidencia de que algo
no anda muy bien. Esto último puede suceder cuando se presentan
ruidos de más, que no deberían estar presentes, o soplos (o
turbulencias del flujo sanguíneo) que ocupan los silencios,
cuando estos deberían mantenerse libres.
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