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La Sangre
La sangre es perfectamente capaz de transportar a todas las
partes del cuerpo el oxígeno del que va cargada al salir de los
pulmones, y es también cosa suya,
el transporte de los desechos de los tejidos a los órganos
especialmente encargados de su eliminación.
Es un buen medio de transporte.
La función transportadora también se extiende a los productos de
la digestión,
que una vez cargados, hay que distribuirlos a todos los tejidos
hambrientos que esperan recibirlos.
También la sangre se encarga de llevar muchos compuestos
químicos importantes para la función y el desarrollo de los
tejidos.
Finalmente la sangre es la primera línea de defensa del cuerpo.
El cuerpo contiene cinco litros de sangre, el corazón bombea
casi 13.000 litros por día.
Cuando un hombre llega a los setenta años su corazón ha bombeado
330 millones de litros, el esfuerzo realizado sería suficiente
para elevar a 15.000 metros
de altura
un peso de diez toneladas.
La sangre posee una parte líquida que es el plasma y una sólida
que la componen los glóbulos rojos, los glóbulos blancos y las
plaquetas.
Cada milímetro cúbico de sangre contiene 5 millones de glóbulos
rojos que transportan oxígeno; 6000 a 8000 glóbulos blancos que
nos defienden frente a las infecciones y aproximadamente 300.000
plaquetas que nos ayudan en la cicatrización.
Los glóbulos blancos se utilizan para la lucha contra los
microbios.
Éstos
empiezan a ser combatidos tan pronto como penetran en nuestro
organismo.
Los glóbulos blancos tratan de
fagocitar
y digerir a las células enemigas. Son capaces de atravesar las
arterias y las venas para acudir al lugar donde se encuentra los
microbios.
Las plaquetas son un factor importante en el proceso de la
coagulación. Expuesta al aire la sangre se endurece y forma una
masa gelatinosa, un coágulo.
Éste
se transforma en costra que evita las hemorragias. Ese coágulo
está formado por una importante cantidad de plaquetas.
Cada glóbulo rojo transporta una ínfima cantidad de oxígeno,
adquirido en los pulmones, de allí se trasladan
al corazón, y éste los
impulsa hacia los largos tubos que
conocemos con el nombre de arterias, para que lleguen a todo el organismo.
las arterias
disminuyen
progresivamente
de tamaño hasta ser tubos pequeños denominados capilares que se
encuentran en los órganos. Los glóbulos rojos descargan el
oxígeno en los distintos tejidos y se cargan de anhídrido
carbónico CO2 (que es el desecho de la respiración de los
tejidos) y emprenden a través de las venas, el viaje de regreso
para cargarse nuevamente de oxígeno y eliminar el CO2.
La sangre da vueltas y más vueltas. La sangre enviada al cerebro
regresa a los ocho segundos,
pero la enviada a dedos de los pies tarda dieciocho segundos en
volver al punto de partida, el corazón.
Para nutrirse el cuerpo necesita hidratos de carbono, azúcar,
almidón, grasas, mantecas, aceites, proteínas, carnes, vitaminas
y minerales. Todos estos nutrientes circulan por la sangre y
aportan la energía que contienen a los tejidos. Pero antes de
entrar en la sangre los alimentos deben ser triturados por los
jugos gástricos para que se puedan incorporar a la sangre,
después de la absorción intestinal.
La sangre se encarga de llevar los desechos de los tejidos al
riñón, a las glándulas sudoríparas y a otros órganos
especializados en la eliminación.
¿Qué de
vueltas?
Ir dando vueltas continuamente no es la única finalidad, de la
sangre. Esto sería ignorar las muchas funciones que la sangre
tiene en
nuestro
complicado
organismo.
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